Un bombardero adelantado a su tiempo
El B-29 había sido concebido como un bombardero estratégico de largo alcance. Su objetivo no era simplemente transportar bombas, sino recorrer enormes distancias, penetrar profundamente en territorio enemigo y regresar a su base. Para ello incorporaba numerosas tecnologías que lo diferenciaban de bombarderos anteriores. Entre sus características más revolucionarias se encontraba la presurización de los compartimentos de la tripulación. El B-29 fue el primer bombardero que alojó a sus tripulantes en compartimentos presurizados. Esto permitía operar a altitudes donde la presión atmosférica exterior era demasiado baja para trabajar cómodamente sin oxígeno suplementario. La presurización no significaba mantener exactamente la presión existente al nivel del mar, sino mantener dentro del avión una presión considerablemente superior a la exterior y equivalente a una altitud mucho menor. La aeronave incorporaba además un sistema central de control de tiro y torretas de ametralladoras accionadas a distancia. Los artilleros no necesitaban estar físicamente dentro de cada torreta. Los artilleros observaban mediante sistemas ópticos al enemigo y utilizaban controles que dirigían las armas. El sistema calculaba y coordinaba el fuego defensivo, una solución tecnológica especialmente avanzada para la época. Un B-29 convencional podía llevar numerosas ametralladoras de calibre .50 y un cañón de 20 mm en la torreta de cola, además de una carga de bombas que podía alcanzar aproximadamente las 20.000 libras, es decir unas 9 toneladas.
También destacaba por su su propulsión. Sus cuatro motores proporcionaban una potencia enorme para un avión de semejante tamaño. El B-29 podía alcanzar aproximadamente 575 km/h y operar a altitudes superiores a los 9.000 metros. Su combinación de velocidad, altura, carga de bombas y autonomía lo convirtió en uno de los aviones más sofisticados de la Segunda Guerra Mundial.
Pero toda esta tecnología tenía un propósito fundamental: permitir que Estados Unidos pudiera atacar Japón desde bases situadas a una distancia razonable del archipiélago japonés.
El problema de la distancia
El Pacífico planteaba a los estrategas estadounidenses un problema geográfico enorme. Japón estaba separado de las bases estadounidenses por miles de kilómetros de océano. Un bombardero podía ser extraordinariamente avanzado, pero si no tenía una base suficientemente cercana, su capacidad estratégica quedaba muy limitada. Inicialmente, los B-29 operaron desde bases en China e India. Sin embargo, estas operaciones presentaban enormes dificultades logísticas. Los aviones tenían que transportar grandes cantidades de combustible para llegar hasta las bases avanzadas y regresar posteriormente, reduciendo así su capacidad efectiva de carga. Esta situación cambió radicalmente con la conquista de las islas Marianas. Primero, Saipán fue atacada por Estados Unidos en junio de 1944 y quedó asegurada el 9 de julio. Posteriormente, las fuerzas estadounidenses conquistaron Tinian, cuya batalla terminó el 1 de agosto. Estas islas se encontraban mucho más cerca de Japón y podían convertirse en gigantescas bases aéreas.
Tinian: de isla conquistada a gigantesca base aérea
Si Saipán fue fundamental para abrir la puerta estratégica, Tinian se convirtió en uno de los escenarios más importantes de la guerra aérea contra Japón. Los ingenieros de los Seabees, un cuerpo militar USA especializado en construir, transformaron rápidamente la isla. Se construyeron seis pistas de unos 2.600 metros y una enorme infraestructura capaz de albergar cientos de aviones y decenas de miles de personas. North Field llegó a ser uno de los mayores complejos aéreos del mundo durante la guerra. Desde allí, los B-29 podían recorrer aproximadamente 2.400 kilómetros hasta Japón y regresar. La distancia seguía siendo enorme, pero ahora estaba dentro de las posibilidades operativas del Superfortress.
A finales de 1944, los B-29 comenzaron a atacar Japón desde las Marianas. Inicialmente se intentó realizar bombardeos de precisión a gran altitud. Sin embargo, los fuertes vientos de altura y las condiciones meteorológicas japonesas dificultaban enormemente la precisión. En marzo de 1945, se modificaron radicalmente las tácticas y comenzó una campaña de bombardeos incendiarios nocturnos a baja altitud. Los resultados fueron devastadores para numerosas ciudades japonesas. El horror de la guerra avanzaba sin pausa. Así, el B-29 dejó de ser únicamente una extraordinaria máquina tecnológica para convertirse en uno de los principales instrumentos de destrucción de la campaña aérea contra Japón.
Una versión todavía más especial: Silverplate
Pero algunos B-29 destinados a una misión extraordinariamente secreta fueron modificados de manera sustancial. El Proyecto Manhattan necesitaba un avión capaz de transportar las nuevas armas nucleares. El B-29 era prácticamente el único candidato con la autonomía, capacidad de carga y características necesarias. Los aviones destinados a esta misión recibieron modificaciones conocidas como Silverplate. Se retiraron numerosas armas y elementos de blindaje para reducir peso y aumentar el rendimiento. También se modificaron las bahías de bombas para poder transportar las enormes bombas atómicas. La reducción de peso tenía una razón fundamental. Transportar una bomba atómica no consistía simplemente en introducir una bomba convencional más grande en el compartimento. El arma era extraordinariamente pesada y el avión debía recorrer miles de kilómetros con combustible suficiente para regresar.
La unidad elegida para la misión fue el 509th Composite Group, bajo el mando de Paul Tibbets. La unidad llegó a Tinian en 1945 y estableció allí una organización prácticamente independiente y altamente secreta. Incluso muchos militares destinados en la isla desconocían la verdadera naturaleza de su misión.
El Enola Gay camino a Hiroshima
En la madrugada del 6 de agosto de 1945, un B-29 especialmente modificado despegó de North Field, en Tinian. Su nombre era Enola Gay, y estaba pilotado por el coronel Paul Tibbets. En su interior transportaba una bomba de uranio denominada Little Boy. Su objetivo era Hiroshima. El avión alcanzó la ciudad y lanzó la bomba a las 8:15 de la mañana, hora local. La explosión produjo una destrucción de una magnitud hasta entonces desconocida y causó decenas de miles de muertes inmediatamente o poco después, además de un número mucho mayor de víctimas relacionadas con las heridas y los efectos posteriores de la radiación. Fue un simple instante, pero cambió la historia de la humanidad para siempre; el hombre había creado el arma más destructiva y aterradora.Una tecnología extraordinaria y una tragedia humana
El B-29 puede contemplarse desde dos perspectivas diferentes. Desde el punto de vista tecnológico, representa uno de los grandes avances aeronáuticos de la Segunda Guerra Mundial. Su presurización, sus motores, su alcance, sus sistemas de control de tiro y su capacidad para transportar enormes cargas de bombas lo situaban muy por delante de muchos bombarderos anteriores. Pero la tecnología no existe separada de las consecuencias de su utilización. Los mismos B-29 que permitieron realizar ataques de precisión a miles de kilómetros también participaron en los devastadores bombardeos incendiarios de las ciudades japonesas. Y los B-29 modificados que transportaron las bombas atómicas convirtieron a Tinian en el punto de partida de dos acontecimientos que transformaron para siempre la historia militar y política del mundo.




