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"Estas son mis opiniones, si no te gustan tengo más"
Podríamos contestar a esta pregunta que realmente nada. Pero hasta cierto punto, algo tiene que ver el padre de la teoría de la evolución por selección natural. En la segunda mitad del S.XIX la fotografía era un invento relativamente reciente y su uso se aplicaba básicamente a fotografiar la realidad lo más fielmente posible, sin libertadas artísticas. Esto cambió gracias a una mujer, una pionera en la fotografía artística: Julia Margaret Cameron (1815-1879). Sus retratos y composiciones artísticas, caracterizados por un enfoque suave y atmosférico, marcaron un cambio significativo en la forma en que se percibía la fotografía, transformándola de un simple medio documental a una forma de expresión artística. Julia nació en la India, en el seno de una familia adinerada. Durante gran parte de su vida adulta, Cameron se movió en círculos sociales e intelectuales de élite, lo que influyó en su trabajo posterior. No comenzó a experimentar con la fotografía hasta los 48 años de edad, cuando recibió una cámara como regalo de su hija. Este obsequio marcó el inicio de una carrera breve pero prolífica y el inicio de la fotografía artística. Cameron desarrolló un estilo distintivo que desafiaba las normas técnicas de la fotografía de su época. Mientras que muchos fotógrafos de la época se esforzaban por obtener imágenes nítidas, precisas y lo más realistas posibles, Cameron buscaba un enfoque más emocional y artístico. Su estilo se caracterizaba por un enfoque suave y con un desenfoque deliberado. Ella pensaba que las imperfecciones técnicas, como el desenfoque, realzaban el carácter artístico y la emotividad de las fotografías. Además, también utilizada las luces y sombras con un fin dramático, creando imágenes con una atmósfera mística. De hecho, muchas de sus fotografías retrataban escenas poéticas y religiosas. Entre sus obras también destacan los retratos, y aquí es donde llega el padre de la selección natural y su famosos retrato. Como todos los innovadores, nuestra autora fue muy criticada en vida. Por fortuna, en el S.XX su obra fue rescatada y se convirtió por derecho propio en una figura fundamental de la historia de la fotografía.
Hoy en día hacemos fotografía con una facilidad pasmosa. Disparamos y disparamos, especialmente con los móviles, y esas fotos pueden circular rápidamente a través de la red, llegando hasta el último rincón del Mundo (siempre que se tenga acceso a internet). Pero en el S.XIX, la cosa no fue tan fácil. La primera fotografía de la historia data de 1826 (o 1827, según algunas fuentes) y fue realizada por Joseph Nicéphore Niépce en Francia. Utilizó un proceso llamado heliografía en el que una placa de estaño recubierta con betún de Judea se expuso a la luz solar durante varias horas. Sí, durante varias horas. La fotografía se conoce como "Vista desde la ventana en Le Gras", es un hito en la historia de la tecnología y por supuesto de la fotografía. Pongo la imagen en esta entrada, desde luego no es gran cosa para las técnicas actuales, pero estamos hablando de 1826.
Luego llegó el daguerrotipo. Fue desarrollado en 1839 por Louis Daguerre, un colaborador inicial de Niépce. Este método revolucionó la fotografía ya que requería menos tiempo de exposición (alrededor de 20-30 minutos), produciendo imágenes mucho más nítidas y detalladas. Utilizaba una placa de cobre recubierta de plata, que se sensibilizaba con vapores de yodo y luego se revelaba con vapores de mercurio. Aunque las imágenes del daguerrotipo eran únicas y no se podían reproducir, su precisión y la fascinación que generaron lo convirtieron en el primer proceso fotográfico ampliamente utilizado. Os pongo un ejemplo de este tipo de fotos, en la que el inventor es retratado con su invento.
Hoy os traigo una ruta al Blog, se trata de la ruta de las Foces del Pino (El Pino, Asturias). La ruta se encuentra en el municipio de El Pino cercano a Felechosa. Pertenece al concejo asturiano de Aller, que se localiza en el sur de Asturias, ya cercano a la provincia de León. Está ruta es una buena opción para conocer los rincones del valle de Aller con un recorrido bien señalizado, eso sí con unos grandes desniveles. La ruta discurre hacia el sur, una vez en el pueblo de El Pino, cruzamos el puente sobre el río San Isidro y nos dirigimos por una estrecha carretera asfaltada hacía el Molín de Peón (ahora una piscifactoría) dejando previamente a mano derecha La Fuente de la Salud. Una vez en la piscifactoría, tomamos el camino de la izquierda -cruzando el puente- y a partir de este punto se sigue un camino empedrado hasta llegar al Monumento Natural de las Foces del Pino. El recorrido son unos 7 kilómetros ida y vuelta, y se puede demorar unas 3 horas en hacerlo. Una parte del camino discurre entre frondosos árboles, destacando castaños, fresnos, avellanos y algún roble. El paisaje se encuentra dominado por pequeñas propiedades de pastos con lindes de piedra y/o arbustos. Podemos encontrar vacas pastando a lo largo del recorrido y varias construcciones ganaderas tradicionales, algunas de ellas en estado de abandono. Dentro de la zona protegida podemos disfrutar de algunas cascadas, que aunque no muy altas si resultan en su conjunto, muy espectaculares. Hay varias fuentes a lo largo del recorrido y en algunos tramos hay que tener cuidado con el piso, especialmente si se encuentra húmedo, ya que puede uno patinar si no se anda con cuidado. Os dejo algunas fotos de la visita por estos parajes.
Al recorrer algunas partes de España uno no hace más que sobrecogerse ante tanto patrimonio en ruinas, ante tanta historia abandonada, ante tanta piedra abocada al olvido, ante lo que fue y ahora no es. Los paisajes castellanos, planicies cerealistas con sus pueblos erguidos en lontananza, son uno de los paisajes que el viajero se encontrará al recorrer nuestra España, paisaje que evoca pasados bulliciosos, cuando el trabajo y la vida en el campo requería mucha gente, que con su sudor y su sacrificio ayudaron a forjar la nación en la que hoy vivimos y a la que muchos, al igual que a su patrimonio, le han dado la espalada. Uno de los patrimonios culturales que recoge al mismo tiempo tradición, usos populares y belleza artística son los palomares. Al explicarle a cualquier viajero centroeuropeo la utilidad de estas construcciones, surge en su cara una expresión entre perplejidad y rareza ¿qué se comían las palomas? y es que en la mentalidad "woke" que nos domina, lo de comerse el "símbolo de la paz" parece una "barbarie". Nada más lejos de la realidad. Los palomares son (o casi mejor dicho eran) una forma de utilizar los recursos naturales de forma sostenible. Estas construcciones permitían obtener una fuente de proteínas (los pichones y los huevos de paloma) en épocas en la que la proteína no se obtenía en un supermercado con hastiada facilidad. También permitían obtener una fuente de fertilizante natural: el palomino o guano, sin tener que recurrir a costosos procesos de producción química de fertilizantes, con el consiguiente gasto de combustible, y la contaminación por nitrógeno y fósforo cuando se abusa de ellos. Por tanto, producción sostenible de proteínas y fertilizantes en estas "casas para palomas". Eran (o son?) construcciones robustas, cerradas al exterior para evitar las tentaciones de las alimañas, con muros concéntricos plagados de pequeños nichos -donde en lugar de muerte se albergaba vida- y con patio interior (a veces sin él). Los materiales sencillos, los que proporcionaba la tierra, y nunca mejor dicho ya que muchos se hacía de adobe con una lechada de cal exterior para protegerlos de la humedad. Durante la edad media eran auténticos tesoros, propiedad de nobles y monasterios, ya que les garantizaban a esos dos poderes unos buenos ingresos. Los ha habido en toda España, pero tal vez en Tierra de Campos sean un símbolo del paisaje.
durante la edad media eran auténticos tesoros, propiedad de nobles y monasterios
Hay que pensar que las palomas (la bravía y la zurita) podían tener varias puestas al año (hasta 3-4 si había suficiente alimento) con dos huevos en cada puesta. Los pichones, palomas jóvenes a las que se les cortaba alguna pluma para evitar que volarán y de esta forma ayudar a su engorde, eran una fuente importante de carne. Ahora, a ojos de los urbanitas ociosos, esto de cortar unas plumas a unos "seres sintientes" les sonará "a maltrato animal", tal vez el maltrato sea el abandono de nuestro patrimonio y tradiciones arrinconadas en una postmodernidad enfermiza. Además, la carne de pichón sí que está dentro de la modernidad actual, es baja en grasa, rica en vitaminas y su cría en estos sistemas no contribuye a generar gases de efecto invernadero. Todo un símbolo de sostenibilidad ambiental frente a algunas granjas intensivas que pululan cercanas a alguna de estas construcciones.
Os dejo algunas fotos de palomares, algunas en completa ruina y otras rescatadas por el esfuerzo de administraciones y particulares en su batalla -tal vez ya perdida o no- contra el olvido.
La Ermita de Santa Cecilia se encuentra cerca de Aguilar de Campoo. Por carreteras secundarias llegamos al pueblo de Villaespimosa de Aguilar y a sus afueras encontramos la ermita. Encaramada en un risco, lo primero que llama la atención es su privilegiada situación, en un entorno de una gran belleza paisajística. Fue construida entre los siglos XII y XIII, es de planta rectangular y con una cierta inclinación, siguiendo la inclinación del propio risco en el que se encarama. La vista del observador también se centra en su curiosa torre cilíndrica, más propia de un castillo que de una ermita, y cuya función se desconoce (¿defensiva?). Hay capiteles con parejas de grifos, algún condenado de viaje al infierno y numerosos detalles en los que uno puede perderse durante largo tiempo. Tal vez, Palencia y su provincia sean de las mejores expresiones del románico en España. Imprescindible conocerlo.
Tras la lectura del libro El río del olvido de Julio Llamazares -en el que el autor leonés le dedica un capítulo al pueblo protagonista de esta entrada- me adentré en Tolibia de Arriba con un cierto temor. A pesar de la belleza de sus montaña y valles, la tranquilidad de sus paisajes en la época estival y el buen tiempo que reinaba en la jornada de visita, los temores permanecía al dar los primeros pasos por este pueblo de la montaña leonesa. Y no era para menos, en este pueblo existía (o ¿existe?) una casa de duendes, se han avistado OVNIS (o ¿se avistan?) y en una de las curvas de la carretera, al caer la tarde, se oían lamentos (o ¿se oyen?). Pero nada de eso se presentó ante mi al entrar en Tolibia de Arriba, el pueblo derrochaba bullicio por sus calles, la época estival hacía que su bar estuviera pletórico de gentes y las calles mostraban una buena colección de coches. Era por tanto un miedo injustificado, o no, ya que la época estival no es la propicia para este tipo de fenómenos de ánimas ¿Qué hubiera pasado en una visita invernal? tal vez no estaría escribiendo una entrada como esta, ya que la soledad blanca de estos pueblos -en un proceso irreversible de pérdida de población- es propicia para la imaginación y la sugestión hacia las ánimas y duendes. Os dejo la fotografías de la jornada, espero que os gusten.
Cualquiera que lea el título del post pensará que el autor se ha vuelto loco o que lo ha escrito bajo los efectos del alcohol. Nada más lejos de la realidad, intentaré demostrar mi cordura y sobriedad. La Sierra Norte de Guadalajara es un territorio extenso y de indudable belleza paisajística. Sus valores ecológicos has hecho que fuera declarado Parque Natural en 2011. No obstante, en gran parte del siglo pasado (y de los anteriores) los pueblos y sus gentes tenían que hacer frente a una tierra pobre y un clima extremo, intentando obtener de esa tierra el sustento. Eran numerosos los pueblos y también su población (en comparación con la situación actual). Durante los años 70 se creó en España un organismo denominado eufemísticamente como Instituto Nacional de Conservación de la Naturaleza (ICONA), el cual sustituyó a la antigua Dirección General de Montes. El ICONA, dominado por ingenieros y tecnócratas cuyos conocimientos de ecología y conservación de la naturaleza eran -por ser generosos- escasos, comenzaron su labor de "forestación" de algunas zonas de España. Entre esas zonas, una de "las agraciadas" fue la Sierra Norte de Guadalajara.
Esta zona tenía su vegetación autóctona y las formas tradicionales de ganadería y agricultura (ésta última escasa, debido a la dureza del clima y el terreno), las cuales habían funcionado durante décadas en un cierto equilibrio con el medio. Pero esta situación cambió, unos tecnócratas con sus tiralíneas desde despachos alejados del terreno decidieron que esa vegetación no era productiva y había que destruirla y cambiarla por plantaciones monoespecíficas de pinos y alguna que otra arizónica. Hasta aquí el crimen ecológico puede entenderse, ya que hablamos de una época de escasez o de falta de producción de madera, pero es que no contentos con esto también decidieron eliminar -sí esa es la palabra- un conjunto de municipios de la zona. Y esa eliminación fue completa, se expropiaron viviendas expulsando a sus dueños y los edificios abandonados fueron literalmente bombardeados por el Estado. Sí, bombardeados, para evitar que alguno de sus legítimos dueños o sus descendientes pudieran recuperarlos. Este fue el caso de Jócar, del que hoy solo queda en pie el cementerio y una fuente. A esta última, los años y la desidia le han abocado a un estado de cuasi destrucción. Otros municipios corrieron similar suerte: Fraguas, Santotis, Umbralejo, Robredarcas, etc.
Por desgracia, el Estado parece no rectificar y ahora en sus 17 hijas, las CC.AA, continúa actuando como el perro del hortelano: cuando alguien quiere revivir algún pueblo, se lo pone difícil si no hay una buena inversión de dinero del que pueda sacar algo. Este sería el caso de Fraguas.
Por fortuna, en las últimas décadas algo hemos aprendido y cada vez más la gestión de la conservación de la naturaleza recae en personas con una formación adecuada en ecología, y eso poco a poco se tiene que notar.
Os dejo algunas fotos de lo que queda de este pueblo. Un paseo por sus restos evoca tiempos pasados, que en este caso sí que eran mejores que los actuales.
En ocasiones nos complicamos la vida para poder ver fauna; grandes viajes, desplazamientos lejos de la ciudad, etc. Pero no nos olvidemos de las aves que podemos ver cerca de nuestras casas, en los jardines, o incluso volando altas en el cielo. Os dejo fotos de la curruca capirotada, el mirlo y una formación de grullas. Todas ellas las he fotografiado sin necesidad de salir de casa.... perfecto para épocas de confinamiento.
La pregunta de la entrada hace referencia a "qué llevar" no a lo que llevo en la mochila, que suele ser lo habitual en el mundo de la fotografía. Lo he hecho con intención, ya que la idea de este post es ayudar a los que empiezan a seleccionar un equipo básico para hacer fotos.
Lo primero que uno tiene que tener claro es el tipo de fotografía que se quiere hacer y en función de ello después vendrá el equipo. Por ejemplo, si alguien va a hacer fotografía de animales salvajes nada de lo que le digo en este post le va a ser muy útil. Pero si te gusta el retrato, la fotografía de calle, el reportaje, etc. este post si se amoldará a tus necesidades, ya que con lo que te indico podrás hacer todo este tipo de fotografía con ciertas garantías.
Por supuesto lo básico es la cámara, pero también hay una serie de cosas que debes siempre llevar:
Al menos una tarjeta de memoria de reserva. Si haces vídeo pueden ser muchas más.
Al menos una batería cargada de reserva. Si haces mucho vídeo mejor dos.
Equipo básico de limpieza (al menos un bayeta, muy recomendable una pera de aire)
Con todo lo anterior aseguramos que el equipo que llevemos no nos deje tirados por falta de batería o espacio en la tarjeta. A partir de aquí ya cada cual debe llevar la cámara o cámaras que necesite con sus respectivas ópticas. En mi caso depende de lo que vaya a hacer llevo unas cosas u otras, pero en general siempre hay lo siguiente:
Cuerpo de cámara (muchas veces una Olympus OM-D EM-10) con un objetivo 14-42 mm (equivalente a 28-84 mm).
Objetivo tele-medio (80-200 mmm o similar). Lo uso poco pero en ocasiones se puede echar de menos en caso de no llevarlo.
Cámara sin espejo de reserva con su objetivo kit (por ejemplo, algo sencillo como una Nikon 1 S1).
Una compacta para vídeo (una de las que más me gusta la Sony DSC-HX60). Estas cámaras son ligeras y a pesar del pequeño sensor hacen un vídeo muy decente (para aficionado sin grandes pretensiones, se entiende).
Y todo lo anterior hay que cargarlo encima, aquí lo más cómodo para la salud de la espalda es una mochila fotográfica. Pero lo más rápido para sacar y meter el material de forma rápida es una bandolera, en mi caso un bolso de tela con protectores acolchados en el interior. Con todo lo anterior solamente se necesita tiempo y que nos dejen salir a hacer fotos......
Al menos una batería de repuesto para cada cámara. Tarjetas de repuesto. Un cargador USB (para la cámara que mas se use). Una grabadora de voz y una libreta con su bolígrafo.
Lo más importante es la cámara y por supuesto las ganas de hacer fotos.
La pequeña Nikon 1 S1 te puede sacar de un apuro si el equipo principal le da por no funcionar o el objetivo no quiere trabajar ese día.
Lo más rápido para acceder al material es una bandolera, lo más cómodo para nuestras espaldas es una mochila.
Hace tiempo que no visito el Museo de Ciencias Naturales de Madrid, es una actividad muy recomendable. Os dejo tres fotos tomadas dentro del museo. Biodiversidad mucha biodiversidad.