24 de julio de 2026

23 de julio de 1921: El día en que el Regimiento de Cazadores de Alcántara cabalgó hacia la muerte

Melilla, 23 de julio de 1921. El sol cae con dureza sobre el árido paisaje del Rif. El Ejército español se encuentra inmerso en una retirada desesperada tras el desastre de Annual. Las columnas avanzan desordenadas, acosadas sin descanso por los combatientes rifeños. Entre el polvo, el humo y la incertidumbre, una unidad de caballería recibe una misión que muchos consideran imposible; deben proteger la retirada del resto de las fuerzas de infantería españolas que han sobrevivido a Annual.

Al frente del Regimiento de Cazadores de Alcántara n.º 14 se encuentra el teniente coronel Fernando Primo de Rivera y Orbaneja. Sus hombres, unos 700, conocen el peligro. Los caballos están exhaustos y las municiones comienzan a escasear, pero nadie duda cuando llega la orden. Sus sables no necesitan munición. Una y otra vez, los jinetes forman sus líneas y cargan contra un enemigo muy superior en número, que está decidido a aniquilar a la infantería española en retirada. Cada carga supone un sacrificio inmenso. Los soldados avanzan entre disparos cerrados, atravesando barrancos y cauces secos, conscientes de que muchos no regresarán. Sin embargo, esas acciones logran el objetivo de ganar el tiempo suficiente para que miles de compañeros puedan continuar la retirada. La caballería combate desmontada cuando es necesario y vuelve a montar para repetir el ataque, a pie si el caballo ha muerto, mostrando una disciplina y un valor extraordinarios en medio del caos.

El propio Fernando Primo de Rivera permanece junto a sus hombres durante toda la jornada, compartiendo los riesgos de cada avance y dirigiendo las operaciones hasta resultar gravemente herido, tan grave que días después falleció. Su ejemplo se convierte en el reflejo del espíritu del regimiento, el trabajo en grupo, la vida del compañero depende de ti y la tuya de él; hay que cumplir la misión por encima de cualquier consideración personal.

Al finalizar aquella dramática jornada, el precio pagado por el Regimiento de Cazadores de Alcántara resulta devastador. La unidad queda prácticamente aniquilada. Sin embargo, su sacrificio permite que numerosas fuerzas españolas eviten un desastre aún mayor. Aquellas cargas de caballería, consideradas entre las más heroicas de la historia militar española, y tal vez de la historia, quedaron grabadas para siempre en la memoria colectiva. Su acción salvó la vida de cientos de soldados.

Más de nueve décadas después, la gesta recibiría el máximo reconocimiento militar español con la concesión colectiva de la Cruz Laureada de San Fernando. No fue únicamente un homenaje a unos soldados, sino al valor demostrado por hombres que, sabiendo que marchaban hacia un combate casi imposible, eligieron cumplir con su deber hasta el final.

El 23 de julio de 1921 no fue un día de victoria militar. Fue, sobre todo, una jornada en la que el coraje, la disciplina y el espíritu de sacrificio del Regimiento de Cazadores de Alcántara, bajo el mando de Fernando Primo de Rivera, quedaron como uno de los episodios más recordados de la historia de España. Su actuación continúa siendo estudiada como ejemplo de entrega y de cumplimiento de la misión en circunstancias extremas.

Por desgracia, 105 años después de esta gesta no aparece ningún recordatorio en ningún medio de comunicación, ningún gobierno recuerda a estos héroes, ninguna película del "cine español" recuerda la gesta. Tendremos que ver "La carga de la brigada ligera" (1936) de Michael Curtiz para hacernos una idea de cómo puedo ser aquello. Poco nos pasa.

Por fortuna, podemos disfrutar en Valladolid de un monumento al Regimiento. Algo es algo.



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